Una herramienta contra el cambio climático…y los huracanes

El Sistema de Alerta Temprana, un nuevo sistema de recogida de información, junto al conocimiento indígena, ayuda a las comunidades en el bosque tropical de Nicaragua a adaptarse al cambio climático y a mantener sus medios de vida tradicionales.
Un grado más o menos en Londres no significa nada. Un cambio de las lluvias en Madrid tiene un impacto directo en el uso de paraguas e impermeables. Sin embargo, estos cambios, que no significan mucho en las grandes ciudades, tienen un impacto dramático en la vida de los agricultores de todo el mundo. Esto es lo que llamamos cambio climático.
Las comunidades indígenas que viven en las orillas de los ríos Bocay y Coco, en Nicaragua, saben qué representan estos cambios para ellos. Si la lluvia no llega cuando está previsto, si aparecen animales que no deberían estar en esa época del año o si el caudal del río no lleva suficiente agua, todo eso, tiene un impacto directo en sus vidas.
“El verano ahora es invierno. Abril solía ser verano, pero llovió todo el mes. Ahora en mayo (invierno, no llueve. Escuchamos los truenos, vemos los relámpagos que nos suelen indicar que la lluvia está por llegar, pero no. Por culpa de este cambio climático estamos sufriendo un descenso de nuestra producción”, dice Howard Fernández, un agricultor mismito que vive en la comunidad de San Andrés de Bocay.
Un Sistema de Alerta Temprana, instalado gracias a un esfuerzo conjunto de Oxfam Internacional con las organizaciones nicaragüenses Acción Médica Cristiana y Centro Humboldt y las autoridades indígenas tradicionales, está contribuyendo a medir las lluvias y acumular información sobre la variación del nivel del río en tiempo real. La información se transmite por radio al instituto nacional que monitorea el clima para prevenir las consecuencias directas de los huracanes y de las inundaciones.
Durante el huracán Félix, que azotó al país durante el mes de septiembre, el sistema se puso a prueba. Y funcionó. Las comunidades en las que estaba instalado tuvieron el tiempo suficiente para evacuar gracias a una perfecta coordinación con las autoridades. No era la primera vez, en algunas de las comunidades, ya habían podido probarlo durante el huracán Stan.
Para las comunidades indígenas, la relación con la naturaleza es muy cercana. Toda su cosmología está vinculada a las señales que ellos han aprendido e interpretado. Pero estos signos han cambiado. Las generaciones anteriores les dijeron a sus hijos que cuando las grullas blancas, cuando florecen determinadas planteas, cuando aparecen los peces plateados o cuando se ven relámpagos, significa que la lluvia se acerca. Ya no.
“Toda mi vida la tierra me ha dicho cuando viene la lluvia. Ahora no entiendo qué está pasando”, asegura Marciano Washington, un agricultor que vive en la orilla del río Coco. Él solía cosechar 60 sacos de arroz por hectárea. Ahora saca siete. “Ya no puedo confiar en la naturaleza. No sabemos cuando plantar”.
Para las autoridades tradicionales, este sistema también representa una nueva esperanza. Durante años pudieron relacionarse con la naturaleza gracias a las señales que aprendieron de sus antepasados. Ahora, esperan poder interpretar los cambios que el nuevo clima está trayendo. Buscan acumular toda la información posible sobre los nuevos patrones de lluvias y temperaturas para entender que está pasando y como pueden interactuar con la naturaleza.
El impacto del cambio climático es más dramático porque la región también sufre problemas de deforestación, acentuado por la destrucción causada por el huracán Félix, y contaminación de los ríos. Por eso, las comunidades, más que dinero o ayuda externa, están reclamando políticas nacionales, recursos y herramientas que les ayuden a proteger la naturaleza.
